Tenemos algunas ideas de por qué Batman es el superhéroe más admirado. Puede tener que ver con que realmente Bruce Wayne no tiene superpoderes, es decir, es un ser humano común y corriente como todos nosotros; se preparó, se puso las pilas y le pintó ser un paladín de la justicia. En cambio, Superman nació con poderes; así no se vale.
Otro de los atractivos son sus villanos. Así como Jorge Rivas dice que lo que más le atrae de Kirchner son sus contrincantes, sucede lo mismo con Batman. Él tiene al Guasón, al Pingüino, al Acertijo, al Señor Frío, y la lista sigue. Superman tiene un pelado, Spiderman un duendecito, y los X-Men un viejo.
Cuando hablábamos de Vivir al Limite decíamos que para generar tensión necesitábamos dos fuerzas de semejante potencia. Así que con Willis, Freeman, Malkovich y Mirren de un lado el trabajo de Karl Urban como el agente-villano no iba a ser fácil. Sin embargo queda bien parado; es más, es lo único que queda bien parado en RED. Es el que más presencia tiene, el más humano, el que genera un cambio en sí mismo y a su al rededor, el que mejor actúa. Es lo más interesante de esta fallida película.
De estas importancias depende que uno no pueda bancarse Duro de matar 4.0. Allí el villano es un don nadie que no asusta ni causa admiración. Porque los villanos serán malos pero son unos capos, deben serlo. En la primera teníamos a Alan Rickman en un punto altísimo, en la segunda a Franco Nero, y en la tercera a Jeremy Irons.
La edad media se encargó de construir la idea de que los que vivían en las villas, los villanos, lejos del castillo del señor feudal, eran enemigos, aportaban, pero eran malos al fin. Nosotros actualmente, para no ser menos, les decimos "villeros", suelen estar fuera del sistema, pero el IVA lo pagan igual. De nuestra capacidad de construirlos y prejuzgarlos negativamente depende proporcionalmente que nos sintamos dueños de la verdad y la justicia.
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